“Un pastor árabe volvía a su morada con la leche de las oveja dentro de una bolsa hecha con la tripa de uno de sus corderos. Después de caminar a pleno sol, al abrir la bolsa la leche estaba cuajada y sólida hecha queso.”
Es difícil determinar dónde y cuándo empezó a elaborarse el queso, seguramente fue descubierta por diversas comunidades al mismo tiempo. A partir de la aparición de la ganadería (hace unos 12000 años) y la obtención de la leche durante el ordeño.
La leche se conservaba en recipientes de piel, cerámica porosa o madera fermentando la leche con rapidez. Posteriormente se extrajo el suero de la cuajada para elaborar algún tipo de queso fresco, sin cuajo, de sabor fuerte y ácido.
El queso se popularizó en Grecia y en Roma. En la antigua Grecia se consumía mezclado con harina, miel, aceites, pasas y almendras. Mientras que los romanos lo incluían en su dieta condimentándolo con tomillo, pimienta, piñones y frutos secos.
Durante la Edad Media, en las Órdenes religiosas el queso adquirió importancia durante los muchos días de ayuno en los que se prohibía comer carne, elaborando una gran variedad de quesos.
La palabra “queso” proviene de la palabra griega “formos”, canasta de mimbre donde se separaba el suero del queso, derivando de ella el francés (fromage), el catalán (frotmatge) y el italiano (fromaggio). También proviene de la palabra latina “caseus”, cuyo significado originario puede ser carere caesrum, que carece de suero raiz y que da nombre en español, portugués (queijo), inglés (cheese) o gallego (queixo).